miércoles 17 de diciembre de 2003

¡Confía en Dios!




Álex NAVAJAS
Una delicia. Asomarse al alma privilegiada de Santa Faustina Kowalska es una delicia. Juan Pablo II, compatriota de la religiosa, lo hace continuamente. Y a ella se ha referido en numerosas ocasiones a lo largo de este cuarto de siglo de pontificado.
   «¿Me llevarás en la juventud? Seas bendito. ¿Me harás alcanzar edad avanzada? Seas bendito. ¿Me darás salud y fuerzas? Seas bendito. ¿Me clavarás en un lecho de dolor, quizás por toda la vida? Seas bendito». La espiritualidad de Santa Faustina esponja el alma y llena de confianza. Centenares de miles de católicos viven quizás preocupados por «cumplir», por «no pecar», por conseguir una perfección espiritual fría, compuesta de normas y sin rastro de amor. Decía Lewis que «son muchos los que predican el cristianismo, y se han olvidado de predicar a Dios». La espiritualidad de la religiosa polaca se sitúa en las antípodas de esto: confiar y gozar en el corazón del Señor, que es un colchón de misericordia. Regálese este libro en navidades. Su alma se lo agradecerá.